miércoles, 22 de diciembre de 2010

A Number Of Names - Sharevari (12'' 1981)

Por norma general suele citarse a los detroitianos Cybotron, y en concreto su tema "Alleys Of My Mind" de 1981, como la semilla original del denominado Detroit techno, género que se expandió a lo largo y ancho del planeta unos cuantos años después aprovechándose del fenómeno acid-house. Quizás debido a la presencia de Juan Atkins en esos primeros Cybotron, uno de los miembros de la llamada Santísima Trinidad del techno de Detroit junto a Derrick May y Kevin Saunderson, y una autoridad mundial en el ámbito de la música electrónica, esa afirmación se ha considerado generalmente un teorema irrefutable.
Sin embargo, no son pocas las voces que discrepan al respecto, argumentando con contundencia que este visionario maxi titulado "Sharevari", publicado semanas antes del citado tema de Cybotron, contiene la verdadera esencia que dio origen al subgénero. Y puede ser que razones no les falten.
A Number Of Names fue un efímero trío, también de Detroit, formado por Sterling Jones, Paul Lesley y Roderick Simpson. Su testamento discográfico se reduce prácticamente a este tema emblemático que aquí presentamos. A pesar de la corta vida artística de sus autores, este tema ha alcanzado tal estatus de leyenda que su  nombre aparece ya escrito en letras de oro en todas las narraciones históricas de la música electrónica popular que se precien, como el libro "Techno Rebels" de Dan Sicko, en el que profundiza con detalle al respecto.
En resumen, "Sharevari" debe su título a un club de Detroit de idéntico nombre, un glamouroso local frecuentado por la flor y nata del pijerío local, que acudían en sus lujosos coches ataviados con prendas de alta costura, y donde las ondas neorrománticas, tecnopoperas e italodiscotequeras, emitidas desde la Vieja Europa, causaban estragos entre una juventud ávida de sonidos modernos. El nombre del club proviene a su vez de una línea de moda francesa llamada Charevari.
Precisamente de todo ese lujoso ambiente trata la canción, algo que quizás no encaja con la imaginería científica y tecnológica que se le presume al techno. Sin embargo, el colchón musical sobre el que A Number Of Names narra su historia se avanza sin duda unos cuantos años al devenir de la eletrónica de baile. Evidentemente, contiene trazas de música disco y textos algo superficiales, pero esa línea de bajo, de carácter oscuro, hipnótico y lineal, anticipa claramente unas estructuras acid todavía muy lejanas. En todo caso, un tema que sin duda hay que tener en cuenta a la hora de narrar la apasionante historia de la música electrónica.

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sábado, 11 de diciembre de 2010

Heavy Duty Breaks (LP 1984)


Tal como explicamos en la entrada correspondiente al recopilatorio "Discordia", durante 1984 y 1985 el sello D.R.O. publicó en España unos cuantos discos del sello británico Illuminated Records. Éste fue uno de ellos, publicado en UK en 1984, y que apareció aquí al año siguiente, a través de una subsidiaria de D.R.O. llamada Neón Danza, a la sazón recientemente creada, y que estaba especializada en productos destinados a la pista de baile.
Este "Heavy Duty Breaks" (juego de palabras basado en la expresión heavy duty brakes, algo así como frenos para vehículos pesados) es en realidad una especie de megamix en clave radical dance (efímera denominación que se le dió a la música electrónica de baile con tendencia industrial) basado en varios temas de grupos de Illuminated, como Portion Control, 400 Blows, 23 Skidoo, Tara Butler, etc. Vamos, una especie de Max Mix (un producto bastante célebre en la época), pero realizado con materiales más... abrasivos. Fue realizado por un tal Eddie "Evil" Richards, junto al polifacético Martin Glover, entre otras cosas ex-bajista del legendario grupo after-punk Killing Joke, y más conocido como Youth.
Richards y Youth no se limitaron a realizar un megamix simplemente empalmando los temas a la manera del citado Max Mix, sino que incorporaron arreglos propios para las potentes bases rítmicas y las transiciones, siendo en este sentido un trabajo muy precursor. El resultado son dos enérgicas mezclas de 15 minutos que, aunque arrastran algún tic coyuntural de la época, suenan bastante adelantadas a su tiempo. Los ritmos quebrados de la cara A, de tempo más calmado y salpicada de scratches, tiene un aire, digamos, break-dance, pero la cara B, más subida de bpm's, es demoledora teniendo en cuenta el momento en que fue publicado este artefacto.
Un disco bastante olvidado pero que sin duda merece la pena ser revisitado.
La lista detallada de temas que forman cada megamix es la siguiente:

Cara A:
400 Blows - Pressure
23 Skidoo - F.U.G.I.
Out - Tough Enough
Dormannu - The Dread
Zazou - M'pasi Ya Pamba
400 Blows - Grove Jumping
23 Skidoo - Coup
400 Blows - Declaration of Intent

Cara B:
Executive Slacks - Our Lady
Data - Blow
Portion Control - Raise the pulse
Data - Blow
Portion Control - Go-Talk
Power to Dream - Faith Healer
Tara Butler - Up against the wall
Power to Dream - Faith Healer
Sex Gang - Dieche

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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Korta-Zaharra - Transit Motion (7'' 1985)


Korta-Zaharra fue un dúo vasco formado en 1984 por los hermanos Begoña y Fernando Kortázar. Desde muy joven Begoña es una nómada que ha residido ya en lugares tan exóticos o lejanos como Marruecos o Australia.

A principios de los 80 recala en Nueva York. Allí es bajista de un grupo llamado Work, mientras su hermano Fernando forma parte de un grupo barcelonés llamado De la Motta. Ni una ni otro están demasiado satisfechos con lo que hacen, por lo que Fernando se traslada también a Nueva York en verano de 1984 y forman el dúo. Poco a poco desarrollan conjuntamente las ideas que les rondan por la mente y van componiendo un repertorio. Begoña desprende cierto aire místico, tanto en su manera de cantar como en ciertas declaraciones en que manifiesta que la música es el camino que tiene para comunicarse con el más allá.

Al año siguiente viajan a Madrid acompañando al novio de Begoña, un escultor norteamericano que expone en la feria Arco '85 y cuya exhibición musican los hermanos Kortázar. Aprovechan su estancia en la capital para contactar con Grabacciones Accidentales, y firman para publicar este single, que también apareció en formato 12'' incluyendo una extended mix de "Transit Motion" apenas un minuto más larga.

Se trata de un par de canciones catalogables como funk electrónico, con tempo lento y estructura break dance en "Transit Motion", y mayor dinamismo en "Dive Out", en mi opinión mucho mejor. En la grabación participan otros dos músicos, César Molero y José Jiménez, que consiguen dar un matiz muy cálido y casi exótico a su música, con un tratamiento percusivo muy interesante, especialmente en el trabajo a los bongos de José Jiménez.

Poco después de publicarse este disco, y a pesar de que prometían continuidad, el dúo desapareció en combate. Hoy en día diría que es uno de los discos más olvidados del panorama pop nacional.

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sábado, 4 de diciembre de 2010

Van McCoy & The Soul City Symphony - Disco Baby (LP 1975)


Hoy me ha resultado imposible reprimirme y me he visto en la necesidad de publicar una entrada dedicada a un disco no electrónico (aunque casi). Es una aportación que podríamos catalogar de "personal e intimista", motivada por una cuestión de memorabilia personal asociada a una determinada canción que en mi tierna infancia me marcó profundamente. Por lo tanto, debo advertir que en esta entrada nos apartamos un poco de la temática habitual de la Trybuna Elektronika y que es posible que carezca de interés para el lector habitual.

Este "Disco Baby" de Van McCoy & The Soul City Symphony, publicado en 1975, es uno de los primeros álbumes en que la palabra disco forma parte de su título. Es el segundo LP de Van Allen Clinton McCoy, un productor y compositor nacido en Washington, que inicialmente trabaja a sueldo para artistas generalmente soul y que posteriormente, acompañado de su The Soul City Symphony, se decantaría hacia la música disco. En esa época, el sonido disco estaba aún en la fase inicial de su evolución, un género hasta entonces circunscrito prácticamente a determinados ambientes gays y de raza negra en los USA, aunque gracias al éxito de algunos temas, empezaba a expandirse rápidamente e iniciaba su viaje hacia la vieja Europa.

Este LP, sin embargo, mantiene aún esos rasgos iniciales del estilo: mezcla de funk, soul, cuerdas de Philadelphia, matices lounge, textos intrascendentes, tempo moderado, hedonismo a borbotones y estética blaxploitation. Todos los temas de este disco siguen más o menos esa misma tónica. No puede decirse que sea, ni mucho menos, mi álbum favorito de música disco, un género que, como ya he dicho en alguna ocasión, siempre me ha atraído en líneas generales. Pero este disco incluye un tema cuyo recuerdo, como decíamos antes, es lo que realmente ha motivado esta entrada.

No se trata de un recuerdo cualquiera, sino el de haberme sentido por primera vez en mi vida, hasta donde soy consciente, fuerte e indeleblemente impactado por una canción, casualmente escuchada por la radio. Por asociación con otros recuerdos, tuvo que ser en otoño de 1975. Una tarde en mi casa sonó ese tema por la radio. El aire misterioso de sus primeros 30 segundos me provocaron una irresistible atracción, teñida de algo muy semejante al miedo o desasosiego. Recuerdo en esos primeros instantes haber corrido temeroso hacia los brazos protectores de mi madre, pero de repente, la canción cambia y se vuelve más festiva y pegadiza. Aunque volví a escucharla en unas poquísimas ocasiones posteriores, bastó esa primera vez para que la melodía se grabara a sangre y fuego en mi memoria de por vida. Todo esto puede sonar muy peliculero, pero juro y perjuro que fue así.

Lógicamente, a esa edad de 6 años no sabía el título ni el autor del tema, conceptos todavía poco conocidos para un niño. Al poco tiempo, el recuerdo de la dichosa canción entró en hibernación en el limbo de mi subsconciente, evocándolo fugazmente muy de vez en cuando mientras los años iban pasando.

De repente, hacia 1990 el recuerdo aflora con fuerza al adquirir el LP "Ninety" de 808 State, y escuchar con estupor que su tema "Cobra Bora" reproducía durante algunos instantes ese coro intrigante que tanto me había marcado en mi tierna infancia y que desde entonces no había vuelto a oir. Sin embargo, los créditos del disco no hacen referencia alguna al origen de esa melodía. Internet aún no había nacido, por lo menos en su forma actual, por lo que los recursos para averiguar este tipo de información me resultaban muy limitados. Tras algunos infructuosos intentos, seguí quedándome con las ganas de saber cómo rayos se titulaba aquello y quién diablos era su autor o autores.

Hacia finales de los 90 surge una segunda oportunidad. De manera totalmente casual, escucho un breve fragmento del tema original como sintonía de cierre de uno de esas repelentes tertulias televisivas de emisión matutina. No recuerdo si era de TVE o de Antena 3, pero la cuestión es que mi obsesión me llevó al punto de llamar por teléfono a la cadena televisiva para ver si podía averiguar algo, aunque tras largos tonos de espera al otro lado de la línea,  no tuve suerte.

Pero como suele decirse, a la tercera va la vencida. Pocos meses después de esa "anécdota televisiva", me encuentro enfrascado en la enésima lectura del libro "La Madrugada Eterna" de Paco Peiró. Mientras lo leía en aquella ocasión, seguía la costumbre de descargarme algunos temas que el autor mencionaba y que eran desconocidos para mí. Usaba el entonces reciente Napster, el primer programa de intercambio de archivos que surgió en internet. En el capítulo dedicado a la música disco, y en concreto cuando habla de sus orígenes, el autor hace mención de un par de temas que considera memorables: Uno es el "Love's Theme" de Barry White, canción que probablemente todo el mundo habrá escuchado alguna vez. El otro es "The Hustle" de Van McCoy, nombre que me era totalmente desconocido. Tan sólo por perezosa curiosidad, introduje estos datos en el buscador del Napster, encontré y descargué el tema, lo empecé a escuchar, y casi me da un síncope cuando oigo sonar esos misteriosos segundos iniciales de aquel tema que 25 años antes tanto me había impresionado, felizmente recuperado de la manera más azarosa gracias a la lectura de un libro sobre música electrónica.
En este breve video vemos a Giorgio Moroder (precisamente el artista a quien Paco Peiró dedica mayor extensión en su capítulo sobre la música disco) y a John "Jellybean" Benitez comentando las excelencias de "The Hustle".


Según explicó el propio McCoy en su momento, "The Hustle", título que hace referencia a un baile de efímera moda en la época, fue incluido en este LP casi de milagro, pues fue el último tema que grabaron durante las sesiones, y a punto estuvo de ser descartado. Pero entró, se publicó también en single y resultó ser un bombazo inesperado en USA, llegando incluso a ganar un Grammy como mejor instrumental del año. Fue el único gran éxito que su autor obtuvo durante su carrera en solitario. Cuatro años después Van McCoy fallecía de un infarto con tan sólo 35 años de edad.

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